Desempeño Docente

La profesionalidad del educador, desde el punto de vista de la formación, ha de asumir en
forma radical los criterios que caracterizan las “profesiones modernas”, a partir de los
cuales son reconocibles por lo menos cinco dominios:
· el dominio de los problemas de la realidad educativa que han de ser objeto de
estudio e intervención;
· el dominio de las teorías que ayudan a explicar y comprender la realidad y permiten
crear escenarios de futuro; el dominio de una práctica con responsabilidad social
basada en competencias propias, distinguibles de otras profesiones;
· el dominio de la pedagogía en su doble carácter, filosófico y científico, a partir de la
cual se delimiten, expliquen y comprendan tanto los problemas como las teorías
referidas a la educación y a la enseñanza y desde la cual el maestro fundamente su
identidad y su compromiso con los fines de la educación;
· y el dominio del ethos de la profesión entendido en el marco de las dimensiones
históricas, éticas y normativas que orientan y regulan su ejercicio profesional y su
ser como persona.
En cualquier campo, la profesionalidad, en especial si se configura con el concurso
formativo de la universidad, va más allá de la vocacionalidad, la instrumentalidad y la
titulación.
Sin desconocerlos, ella nos exige primordialmente adentrarnos en la identificación de los
factores e indicadores que den cuenta: de la perspicacia y profundidad con que la persona
aborda la comprensión de la realidad objeto de su acción; de la eficiencia y calidad en el
cumplimiento de su función social y desempeño profesional; de la solidez acerca de la
fundamentación teórico-práctica de su actuar profesional; del rigor argumentativo con
respecto a sus visiones, juicios y propuestas; y de la habilidad para sistematizar y
socializar sus hallazgos fruto de la indagación y reflexión permanente sobre sus prácticas.
El grado de apropiación de la profesión como proyecto y actitud de vida ha de servir de
contexto natural para el desarrollo de los talentos de quien la profesa y condición de
posibilidad de su actuar ético y político.
El desarrollo profesional del educador nos plantea por lo tanto la necesidad de ubicar su
profesionalidad en el marco de un determinado cuerpo de conocimientos y de valores, en
una reconocida y delimitada función socio-cultural y en la conquista de un digno estatus
económico y social, todo lo cual le otorgue la verdadera idoneidad, autonomía y
responsabilidad que han de caracterizar su actuación pública.

Eggla Dennise Silva Cegueda UPN152 atizapán

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